lunes, 12 de septiembre de 2011

El que la busca la consigue. Corvina de 42 kgr.

Andaba yo vendiendo la moto de que septiembre era muy bueno para las corvinas grandes y que todavía no les había echado tiempo.
El jueves por la noche, fiesta en Huelva, recabé información y decidí salir de pesca el viernes, según mis cálculos era el día perfecto.
Sobre las 10.30 de la noche, después de llamar a muchos amigos, no encontraba compañero, todos tenía algo que hacer, por fin, apareció un valiente, mi amigo Fernando.
A las 8 quedamos en el puerto, nos lo tomamos tranquilos, sin agobios, lo tenía todo planeado, viento, cambio de mareas, horas de actividad. Como siempre hay algún contratiempo, todas las cámaras se había quedado en casa, lo superaremos con los móviles.

La caballa dura, dura, tuve que enguar mucho con pasta de sardina para poder tener un racho curioso.
Primero a por corvinatas, más vale pájaro en mano que ciento volando, a las 12 ya teníamos 4 corvinatas de muy buen porte, alguna de 8 kilos. Muchas veces os digo que el triunfo está en tomar buenas decisiones, teniendo ya la nevera llena decidimos ir a buscar las grandes, sabiendo que tendríamos dos horas de buena actividad.
Tardamos muy poco en fondear y calar tres cañas, lo tenía muy claro, enseguida una picada que no clavó bien, después otra que subió mi compañero Fernando, era una corvina de casi 15 kg, ya mereció la pena el viaje.
Al ratito otra gran picada, una parga de casi 14 kg de un color precioso se subió al CINTINA, que pedazo de alegría.
Otra picada, un gran pargo que se llevó un anzuelo de recuerdo.
Otra picada, esta ya seria, la peleé unos dos minutos, era grande, se soltó, no rompió, pero no clavaría bien.
Al rato otra súper picada, eran las dos y 45 minutos, yo estaba comiendo, enseguida supe que era un monstruo, sus movimientos lentos y pesados la delataban.
Acababa de perder una pieza buena, no estaba dispuesto a perder esta, así que me lo tomé con mucha calma, sin forzarla, excepto en alguna ocasión que quiso tomar un camino que a mí no me interesaba.
La pelea duró casi una hora y cuarto, aunque el barco de al lado decía que no era una corvina, yo lo tenía claro, es un corvinón. Durante la primera hora no le gané ni un sólo metro, siempre permaneció en el fondo, cuando entendió que no iba a poder conmigo se dejó llevar suavemente, hasta dar la cara.
Mientras yo peleaba con este corvinón, tuvimos otra picada, que tras un rato de pelea rompió al rozar con mi trenzado.
Al final tras el pesaje oportuno, sacamos este video con el móvil para dejar recuerdo de una jornada inolvidable.



Saludos

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